leyendo a Lluís Duch (2)
mayo 17, 2013 § Deja un comentario
Escribe Lluís Duch en su último libro que nuestro tiempo es un tiempo de déficit de presencias. Sin embargo ¿acaso no es eso lo que sufrieron los judíos mucho antes que nosotros? ¿Acaso nuestro déficit no es el resultado de dos mil años de cristianismo? ¿Acaso el monoteísmo bíblico no hizo saltar por los aires la experiencia pagana de la divinidad, aquella que proclama que todo está lleno de dioses? ¿Cómo entender, si no, que Abraham hubiera ido en busca de Dios en un mundo en donde la presencia del mas allá se daba por descontada? Un Dios que se da como promesa de sí mismo —un Dios que se ubica fuera de los tiempos como un por-venir absoluto— no puede estar presente en el mismo sentido en que lo está un dios. Lo hemos dicho muchas veces: la presencia cristiana de Dios no puede comprenderse del mismo modo en que paganamente se entiende la presencia de los demonios o el espíritu de los muertos. Dios no se muestra como un demonio, pero en bueno. Dios, sencillamente, no se muestra. Ahora bien, precisamente por esto, los hombres y las mujeres hemos sido arrojados a este mundo con la marca de Dios.