ser y parecer

mayo 29, 2013 § Deja un comentario

Donde perdemos de vista la diferencia entre lo que es y lo que nos parece que es, perdemos la posibilidad de ir más allá de nosotros mismos, de reconocer la alteridad misma de lo real. Así, si nuestra sensibilidad —lo que nos parece— es la medida de lo real; si no es posible trascender las estrechas condiciones de nuestra receptividad; si el otro no es más que lo que aparenta, entonces no somos otra cosa que bolas de billar, cuerpos sometidos a fuerzas. Ahora bien, lo cierto es que la vestal no es tan solo aquella mujer que provoca tu derrota, el enemigo no es solo quien representa el mal, sino hombres y mujeres tan arrancados como puedas estarlo tú. Si el otro es en verdad otro —que lo es—, entonces en modo alguno coincide con lo que muestra. Si somos iguales —si nuestra orfandad es común— es solo porque no somos lo que parece, sino ese continuo diferir de nuestro modo de ser, de nuestro aparecer ante los demás. De ahí, que la alteridad del otro —su realidad— solo pueda ser, en general, reconocida. Pues en sí misma, en general, es invisible… salvo que se muestre desnudamente como esa pobreza que en modo alguno podemos abrazar sin destruirnos, sin morir para nosotros mismos.

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