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junio 19, 2013 § Deja un comentario
Nada surge en verdad de uno mismo que no venga de afuera. Ahora bien, aquí la cuestión es si esa exterioridad es una fuerza o una interpelación. En el primer caso, basta con conectarse. En el segundo es necesario responder. Con respecto a la posibilidad de ser no hay, pues, alternativa: o inspiración o provocación. O Atenas o Jerusalén. El resto es ciénaga.