entender el monoteísmo

junio 20, 2013 § Deja un comentario

Es posible que haya otros mundos. De hecho, nuestro mundo no es solo un mundo: el mundo de la garrapata no coincide con el mundo de los hombres, el de la mosca no es el del microbio. Hay un más allá para la garrapata, aun cuando ella lo ignore. Es posible que estemos aquí para purgar un karma maldito. Es posible que la muerte no sean aún un final. Es posible que nuestro horizonte no sea nada último. Ahora bien, un creyente es aquel que, desde el sufrimiento indecente de los hombres, no puede aceptar la verdad del cosmos, el hecho de que Bien y Mal sean dos caras de una misma moneda. Un creyente no puede admitir la dialéctica. Pues, no hay dialéctica que te permita asimilar que los turcos, por ejemplo, disfrutasen lanzando al aire a los niños de pecho para que cayeran sobre sus bayonetas en presencia de sus madres. O que haya padres que vendan a sus hijas a los proxenetas de turno. El dios que se atreviese a compensar el dolor atroz de los inocentes en un supuesto paraíso celestial —el dios que se sitúa en la cúspide del universo— no es el Dios que merezca la entrega de los hombres. Un creyente es aquel que no puede entender esta compensación. El Mal es, sencillamente, lo que no debe ser en absoluto. Y ello en nombre de un Dios que no puede integrarse en su Creación, cielos incluídos, sin que esa misma Creación salte en pedazos.

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