impacto semanal

junio 22, 2013 § Deja un comentario

En las prácticas pastorales, esta de moda obligar a los chicos a que expongan el «impacto de la semana». Se supone que se trata de un «impacto brutal», pues tiene que venir de Dios. Cuesta imaginar que tantos chicos reciban tantos impactos y las cosas sigan como antes. En cualquier caso, uno hace lo que puede. No sé si el mío está a la altura de lo que se requiere, pero ahí va: tomando un café en «la Torre» coincidí con unas cuantas «madres catequistas», la mayoría de ellas buenas mujeres. Hablaban de sus cosas: que dónde irían sus chico, de erasmus; que si ya era hora de cambiar la casa de la playa; que ya no saben qué ponerse. En fin, lo habitual. Yo seguía también tecleando mis asuntos de siempre. Afuera, la calle estaba de hecho vacía, aunque no en verdad: en verdad estaba repleta de cuerpos famélicos, humillados, destrozados por el hambre y la violencia. Son, ciertamente, los invisibles. Pero ya sabemos que no hay otra realidad que la que no alcanzamos a ver. Hay dos mundos. Uno es aparente. El otro, no. En el primero, la interioridad es una burbuja. En el otro, la interioridad es quebrada por la hiriente brutalidad de Dios. Esas madres y yo nos movíamos, sin duda, en el primero. ¿Cómo era eso posible? ¿Cómo podíamos vivir tan al margen? Nosotros somos los que vivimos etsi deus non daretur, aunque nos llenemos la boca con las cosas de Dios. En la Biblia, nuestra satisfacción tiene un nombre y es «impiedad». Si creyéramos, probablemente, no podríamos conciliar el sueño. Pero lo cierto es que aún no necesitamos pastillas para dormir.

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