los bosnios
junio 29, 2013 § Deja un comentario
Obligábamos a los prisioneros serbios a tender las manos ante sí para, luego, atárselas con alambre de espino. Lo que ahora voy a contar es uno de los motivos por los que deserté. Resulta que pasé cerca de un hombrecillo mal afeitado, con uniforme del ejército federal, que estaba agachado y con las manos así atadas, junto al canal que bordea la carretera de Gaverac, cerca de Modriča. Con voz suplicante me llamó y me pidió que le abriera el bolsillo superior izquierdo de su chaqueta. Al hacerlo encontré la fotografía de dos niños (uno de una cierta edad y una niña más pequeña). La deslicé entre sus dedos ensangrentados, di media vuelta y me marché. En el dorso de la foto ponía: «¡papá, vuelve!»
Velibro Čolić.