en la capilla del primer piso siempre hay monjas rezando
julio 11, 2013 § Deja un comentario
Del mismo modo que las tropas de Tito se sorprendieron de que no hubiese nada en el sancta sanctorum del Templo de Jerusalén, donde en principio tenía que mostrarse la gloria de YWHW, un cristiano debería igualmente comprender el estupor que supone encontrarse un Crucificado en lugar de Dios. Pues quien entre en un templo cristiano con la intención de conectarse con Dios caerá de bruces en el Gólgota: ¡un Crucificado en el lugar de Dios! ¿Es que acaso no lo hemos entendido aún? En vez de la divinidad, su ausencia. En vez de la calma, el clamor. En vez del pleroma de Dios, un abandonado de Dios. ¿Quieres encontrarte con Dios? Pues ahí tienes, colgando, todo cuanto nos queda de Dios. De ahí que el templo deje de ser cristiano cuando sustituimos la Cruz por un póster chulo o por, lo que acaso sea peor, la figura de un nazareno en la posición del loto.