postrimerías

julio 13, 2013 § Deja un comentario

En la conciencia cristiana de hoy en día queda muy poco, si es que queda, de esa esperanza escatológica, tan arraigada en las primeras comunidades, en un final de los tiempos. Pero sin esa esperanza es muy fácil que el cristianismo transforme su experiencia original de Dios en una más entre otras. Así, hay quienes se preguntan qué puede ser esa fe hoy para nosotros —como también pueden preguntárselo y de hecho se lo preguntan con respecto al Dios que se revela en la Cruz—. Sin embargo, la verdadera cuestión es si puede ser algo para nosotros, esto es, si somos de algún modo capaces de esa fe. Y es que la fe no es un saber que admita una traducción. Cristianamente, no podemos decir aquello que decían los antiguos romanos: vuestro Zeus es nuestro Júpiter. La cuestión no es por tanto la de cómo adaptar un antigua creencia a nuestro modo de ver las cosas, sino la de qué precio hemos de pagar para ver con los ojos de la fe lo que nosotros, instalados en la posición del espectador, somos incapaces de ver.

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