misa diaria

julio 21, 2013 § Deja un comentario

Cuando el cristianismo olvida el Gólgota —cuando la fe deja atrás el background de oscura violencia en el que arraiga— se vuelve, sencillamente, ininteligible para quien tenga dos dedos de frente. Mejor dicho, se vuelve mito. O, lo que acaso sea peor, un cristianismo chirucaire, con la excusa de la autenticidad. Decir, por ejemplo, que Jesús, un crucificado, sea la esperanza de los hombres es algo que nosotros honestamente no podemos admitir, nosotros que aún confiamos en nuestras fuerzas. A menos que estemos ahí, a pie de Cruz, como quien dice, difícilmente podremos ser alcanzados por el valor soteriológico de la escena del Gólgota, el cual es más físico que metafísico. En su lugar, tendremos un cristianismo que admite un acceso directo a la divinidad, entre otros igualmente legítimos, un cristianismo en donde el Crucificado será, a lo sumo, un modelo de vida que tuvo un mal final porque los hombres no podemos soportar demasiada bondad (sic)… De ahí a que el cristianismo se limite a la promoción de las buenas costumbres hay ciertamente un paso. Tan solo hace falta escuchar los sermones dominicales de la mayoría de las parroquias de nuestro entorno para darse cuenta que lo de menos es el escándalo de la Cruz.

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