más tautologías
julio 27, 2013 § Deja un comentario
Si el Dios bíblico es el Dios de los pobres, entonces no es nuestro Dios. Si solo los pobres son capaces de Dios, entonces nosotros —los satisfechos— no somos capaces de Dios. Este debería ser el punto de partida de nuestro estar ante Dios. Un creyente occidental lo primero que debería preguntarse es cómo aquel chico del metro de Moscú —aquel desgraciado que se pasa el día esnifando pegamento— puede decir honestamente que Dios, en el fondo, nos quiere. Para nosotros esa es su fantasía, su delirio. Pero no para él. Para él, Dios tiene que amarnos. Pues probablemente, ese chico no sea en verdad más que su estar incondicionalmente sometido a este tener que ser de Dios. Aun cuando fantasee con Dios.