lecturas bíblicas
julio 29, 2013 § Deja un comentario
No deja de resultar cuanto menos curioso que la declaración monoteísta de que no hay otro Dios que el invisible vaya con la constatación, igualmente bíblica, que no hay ni un solo justo (o casi ninguno). Como si el encontrarse ante el Dios verdadero fuera de la mano de nuestra incapacidad para creer. Ciertamente, la moneda del monoteísmo no sirve para pagar el tributo religioso. Pues el presupuesto de la religión es que, si uno hace lo debido, es posible poner a Dios de nuestro lado, esto es, hacer las paces con Dios. Pero el monoteísmo bíblico insiste en que los hombres, por sí mismos, son incapaces de permanecer fieles a Dios. La Biblia, sorprendentemente, es el relato de las continuas infidelidades del pueblo de Dios. No hay, por tanto, religión que valga para el creyente. Un creyente siempre se halla en falso ante Dios. La dependencia de Dios es tan radical que incluso la relación con Dios se encuentra en manos de Dios.