antes que nada
agosto 5, 2013 § Deja un comentario
Decimos «Dios es, antes que nada, el que nos llama». Y quizá deberíamos entender con mayor precisión qué estamos diciendo con ello. «Antes que nada», esto es, antes de caer en la nada. De ahí que de Dios solo contemos con su llamada, su Ley, la que nace de las gargantas de los marcados por la muerte. Un creyente, ciertamente, da a Dios por hecho, pero no en el sentido religioso del término, aquel que da por supuesto que Dios se encuentra presente como pueda estarlo la antimateria o el bosón de Higgs. Este dar por hecho ha de entenderse, bíblicamente, en un sentido temporal: el Dios que se da por hecho es el Dios que se ha aparcado (a sí mismo), el Dios que fue, el Dios del séptimo día. El siempre presente de Dios es, desde la óptica creyente, el siempre presente de una falta o ausencia. Un creyente siempre echa a Dios en falta y, por eso, permanece a la espera de Dios. El que fue es el que debe ser. Quien no se encuentre en medio de estar coordenadas fácilmente hará de Dios una imagen a la medida de su necesidad de Dios.