querido Watson
agosto 9, 2013 § Deja un comentario
El cristianismo, sin duda, muere de éxito. Una vez se da por sentado que estamos amparados por una gran bondad (llamémosle «Dios», aunque el nombre es lo de menos), que los hombres somos básicamente iguales, que el mal es imputable al hecho de que no acabamos de sintonizar con el amor que sostiene el universo, ¿para qué Dios? Esta tópica difícilmente hubiera sido posible sin los evangelios cristianos. Pues el que los hombres seamos en el fondo iguales es una idea que probablemente no hubiera arraigado en la cultura occidental, si se hubiera quedado en los pórticos de la Stoa. Este anuncio tuvo que hacerse popular y para eso fue necesario un dios que sufriese como los pobres, un dios inconcebible para quien supiera qué significa la palabra «dios». No debería extrañarnos, pues, que un Dios que se pone en manos de los hombres para sufrir el destino de los abandonados de Dios, acabe siendo desechado por los hombres. Como si Dios hubiese querido borrarse del mapa para que su kerygma acabara siendo algo que ningún hombre se atreviese a cuestionar.