cesuras
agosto 12, 2013 § Deja un comentario
Los tiempos modernos son, en términos generales, tiempos de emancipación, pues esta se encuentra presente en las diferentes esferas de la vida y no solo en lo relativo a los derechos individuales. Esto es, la modernidad liberal no debe comprenderse solo desde la óptica de la individualidad. Ciertamente, el individuo nace liberándose de los vínculos atávicos que le atan al clan. Pero el arte también se emancipa de la necesidad de representar una realidad invisible. La fe, de la religión. El conocimiento, de la verdad. La política, de la moral. Y acaso esta última sea la emancipación cuyo alcance aún no hemos pensado lo suficiente. Pues que la política se separe de la moral significa, entre otras cosas, que el bien común ya no exige la integridad moral de quienes forman parte de una sociedad. De hecho, lo que exige es casi lo contrario (como ocurre en cualquier proceso emancipatorio). Como suelen decir los liberales, a todos nos irá mejor, si cada uno mira por sí mismo, dentro de unas mínimas reglas de juego, cuya legitimidad, consecuentemente, solo podrá comprenderse en los términos de un acuerdo. Y esto es, ciertamente, algo que una polis a la antigua no puede en modo alguno admitir. Pues, desde la óptica de una comunidad, que a todos nos vaya bien depende de que todos seamos moralmente íntegros, esto es, de que todos hagamos lo que de algún modo debe (sobre)naturalmente hacerse.