o lo uno o lo otro
agosto 12, 2013 § Deja un comentario
O bien damos por hecho que no hay nada real y que cuanto podamos decir acerca de lo real en verdad solo tiene que ver con nosotros —que lo real es solo lo que nos parece real—, o bien existimos abocados al carácter siempre pendiente de lo real. Esto es, o bien creemos que no hay más que lo que nos podemos traer entre manos o que no hay más que lo que se nos escapa de las manos. Y, probablemente, tengamos que darle la razón a Platón cuando califica de estúpidos a quienes se encuentran alineados en la primer término de la disyuntiva. Pues hay que ser muy estúpido para dar por cierto que no hay otra realidad que la que podemos aprehender. «Dios» en este sentido sería el nombre, la cifra de una realidad que solo puede comprenderse como esa alteridad que tiene que ser negada —dejada atrás— para que el mundo sea posible. Ahora bien, no hay que ser psicoanalista para entender que lo negado siempre permanece como la verdad del presente y, por tanto, como su fundamento o condición de posibilidad. Como si, al fin y al cabo, no hubiese otra realidad que la del espectro, una mayor presencia que la del ausente. En cualquier caso, la extrema alteridad de lo real es, precisamente, aquello que impide el cierre inmanente de la totalidad. Podemos admitir que las religiones encaran, cada una a su manera, la alteridad de Dios. Pero de ahí no se deduce que cada uno de ellas sea, a su modo, verdadera. Pues la cuestión de la verdad religiosa no se dirime en relación con el ser de Dios, sino con respecto a lo que se sigue de la alteridad de Dios. Y, ciertamente, no es lo mismo creer que la realidad de Dios nos convierte en rehenes del hermano que creer, a la manera del budismo zen, que no hay yo que valga. Como no es lo mismo estar sometido a la exigencia insoportable de alimentar al hambriento que a la creencia de que cada uno tiene que apechugar con su karma.