cesare
agosto 15, 2013 § Deja un comentario
Sin Dios que obligue hasta el final, el hombre solo puede configurarse por medio de una obsesión. Lo dejó escrito Pavese: que sin ella, no hay arte. No lo hubiera escrito, si hubiese podido estar convencido de que la tarea del arte es la de representar lo intangible o algo parecido. Pero donde no hay nada que representar, la disciplina que constituye nuestra libertad solo puede ser formal. Sin nada último, los motivos apenas importan. Pues lo propio de la obsesión se manifiesta donde el motivo inicial deja de impulsarnos. Dios ha muerto, dicen, pero aún contamos con nuestras obsesiones como vestigio de antiguas obediencias.