psicoanálisis y modernidad
agosto 15, 2013 § Deja un comentario
Cómo llegamos a admitir tan fácilmente que nuestros impulsos más bajos, más repulsivos, aquellos que sepultamos en lo más profundo de nuestra psique son lo más auténtico que hay en nosotros. Cómo pudimos decir que nuestra conciencia es, en definitiva, la piel de cordero que encubre nuestra voracidad. Tú quieres acostarte con tu madre —dice el psicoanalista de trazo grueso— y esta es tu verdad. Un antiguo hubiera dicho, probablemente sin pestañear, que ese deseo es del demonio que hay en cada uno de nosotros. ¿Quién está en lo cierto? Está claro que lo que se discute aquí no es algo que pueda ser constatado. Pues o bien damos por hecho que somos lobos con piel de cordero o bien damos por hecho que somos, precisamente, nuestra negación del demonio, como quien dice. Y ello aunque fracasemos, aunque el demonio nos pueda. Que seamos una cosa u otra dependerá, por consiguiente, de la voz, el impulso, el anhelo con el que nos identifiquemos. Pero Platón ya dijo algo parecido.