templarios

agosto 19, 2013 § Deja un comentario

Un síntoma de nuestra debilidad creyente es que ya no sabemos qué hacer con los templarios, esos soldados de Cristo. Pues quien huele a diario el aliento negro de Satán —quien habita en medio del infierno de la guerra—, tarde o temprano, si posee un mínimo sentido de la bondad, verá nacer de lo más profundo de sí mismo la necesidad de una violencia que preserve a quienes aún son capaces de una bondad a flor de piel —los niños, por ejemplo—, de la falta de piedad de los hombres. Pues esa bondad se revela en el seno del Mal como lo más sagrado que pueda haber, algo así como la última oportunidad para nuestra especie. (Otra cosa es que la violencia que pretende frenar el avance del Mal solo pueda hacerlo con un incremento del Mal. Que la violencia nunca es un mal menor. Pero lo dicho: ese es otro tema.)

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