sin manos
agosto 25, 2013 § Deja un comentario
El Dios con el que cuenta el creyente, no es el mismo que aquel bajo el que se encuentra. Pues estar en manos de Dios significa que ni siquiera nuestra creencia en Dios puede garantizar nuestra pertenencia a Dios. O, por decirlo de otro modo, un creyente en lo más íntimo se halla a una cierta distancia de su profesión de fe. Como si la insinceridad fuera un dato inicial y, por eso mismo, imborrable. De ahí que estar en manos de Dios signifique, entre otras cosas, admitir que solo Dios sabe hasta qué punto creemos en él. Y de ahí también que el cristianismo insista, aunque sea con la boca pequeña, que la relación con Dios no se decide del lado de la fe del hombre, sino de la de Dios. Pues lo decisivo no es que haya creyentes, sino que Dios haya creído —confiado— en el hombre. Aunque eso le haya costado su divinidad.