twit de apologética (3)

septiembre 3, 2013 § Deja un comentario

Diría que el reto al que se enfrenta hoy en día la necesidad creyente de dar razón de la propia fe no es el de tener que demostrar la existencia de Dios, sino el de enfrentarse a la cuestión de si, en el caso de existir, aún podríamos honestamente admitirlo como Dios. Pues es posible que el cosmos obedezca al delirio de una mente prodigiosa. Es posible que haya algo así como un gran bondad por debajo —o por encima— de cuanto existe. Pero una mente prodigiosa es una mente prodigiosa, del mismo modo que la bondad es la bondad. Que dicha mente —o dicha bondad— sean divinas depende, en definitiva, de que el sujeto se sienta por entero dependiente de dicha mente o bondad. Pero eso, para el sujeto que nace de la sospecha moderna, tiene que ver únicamente con el niño que llevamos dentro. Para quien ha alcanzado la madurez epistemológica, no hay poder, ni siquiera el que nace de la bondad, que pueda aceptar como Dios. De ahí que el reto consista en preguntarse qué supone encontrarse en manos de Dios donde Dios difícilmente puede concebirse ya como ente. Aunque para responder quizá tan solo haga falta leer perspicazmente algunos textos bíblicos.

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