(pos)modernidad y nihilismo
septiembre 9, 2013 § Deja un comentario
O hay Bien y Mal, en un sentido moral, o Bien y Mal son, simplemente, nuestro modo de promover o rechazar acciones que en sí mismas carecen de calificación moral. Si es lo segundo, entonces Bien y Mal solo tendrían que ver con nosotros. Así, carecería de sentido decir que el crimen es en sí mismo reprobable. El acto criminal sería algo que, simplemente, se nos muestra o aparece como algo difícil de admitir… en algunos casos. Es sabido que la modernidad —o, si se prefiere, la posmodernidad— se decanta por la segunda opción. Como decía Nietzsche, no hay hechos morales, sino en cualquier caso una interpretación moral de los hechos. Ahora bien, quien defiende esto último difícilmente podrá evitar la deriva nihilista. Pues nihilismo significa, entre otras cosas, que el gesto de aquellos que, en medio del infierno, fueron capaces de alguna bondad, aun a riesgo de sus propias vidas, no obedece a otra cosa que al impulso. Que la compasión es, en definitiva, mera reacción. Que el acto sacrificial es irrelevante, salvo emocionalmente. Que, en definitiva, ese gesto nada representa, que en verdad nada vale. Ahora bien, la cuestión no es si esto es cierto, sino para quién esto puede ser cierto. Pues uno puede perfectamente preguntarse qué tipo de sujeto es aquel que, ante el asesinato de sus hijos a manos de los escuadrones de la muerte, se dijera a sí mismo que su dolor es una simple reacción emocional a una violencia que, simplemente, forman parte de curso natural de las cosas.Sin duda, estamos ante una posibilidad del hombre. Pero el yo no es un ente abstracto que se enfrenta a diferentes posibilidades de ser como quien se halla en un super ante diferentes marcas de cerveza. El yo no es nada al margen del mundo al que pertenece, aun cuando, en tanto que yo, no pertenezca enteramente al mundo al que pertenece. Aquello que el hombre es no es independiente de lo que sea capaz de ver en lo que ve. Y no es el mismo yo aquel que admite que el otro es un fin en sí mismo que aquel que considera que la alteridad es simplemente una quimera. En este sentido, quien sostiene que no hay ni Bien ni Mal, sino simplemente cosas que pasan —que el Bien y el Mal son meras reacciones emocionales a lo que sucede— se parece a aquel que defiende que en verdad no hay billetes de quinientos euros, sino solo papel que algunos ven como billetes de quinientos euros. Ciertamente, el hombre de las cavernas sería incapaz de ver un trozo de papel como dinero. Sería incapaz de reconocer su valor. Pero ello no implica que esté más cerca de la verdad.