el sentimiento de apertura
septiembre 11, 2013 § Deja un comentario
Diría que existen dos actitudes básicas: la de quien cree que no hay más leña que la que arde y la de quien permanece abierto al acontecimiento, a la irrupción de lo enteramente otro. Dicho de otro modo, hay quien da por hecho que no hay más que las cosas que suceden y hay quien vive a flor de piel que donde todo pasa, nada ocurre en verdad. Cuando dejamos atrás la infancia, fácilmente nos decantamos por la primera actitud. Cuanto mayor es nuestro control de la situación, menor es nuestra esperanza de que irrumpa lo extraordinario. En su lugar, tenemos las mil y una expectativas de nuestro deseo. La novedad en vez de lo nuevo. La excitación en vez de la experiencia. La esperanza es, así, lo que entregamos a cambio de nuestra madurez. De ahí que la madurez sea esencialmente religiosa, pues la gran pregunta de la religión es, precisamente, cómo recuperar la esperanza perdida, cómo alcanzar una segunda ingenuidad donde las imágenes de la infancia, aquellas en las que se concretaba el sentido de la alteridad, han dejado de ser creíbles. Pues es muy posible que este más vivo un niño que cualquiera de quienes creemos que de lo que se trata es de poder satisfacer nuestros mejores deseos.