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septiembre 18, 2013 § Deja un comentario
De entrada, el otro siempre amenaza nuestra integridad. Por defecto, l'altre fa por, como diríamos por aquí. Si no es el caso, entonces es que no acaba de ser enteramente otro. Por eso cuanto mayor sea nuestro control de la situación más podremos preguntarnos adónde ha ido a parar el carácter otro de lo otro. Esto es, adónde a ido a parar nuestra realidad. No es causal que la sospecha de que acaso estemos viviendo un mundo virtual sea una sospecha típicamente moderna. Y tampoco lo es que modernamente no sepamos qué hacer con Dios. Pues un Dios demasiado íntimo —un Dios con el que podemos charlar como quien charla con sus amigos— difícilmente podrá ponernos de rodillas, valer como Dios.