la zona gris

septiembre 20, 2013 § Deja un comentario

Si es verdad que uno solo puede responder a la llamada de Dios donde Dios queda fuera de campo, esto es, sin Dios mediante, entonces el discurso sobre Dios no pertenece a quien responde a la llamada de Dios, aquella que nace de los estómagos del hambre, sino al testigo, a aquel que, desde una cierta (aunque corta) distancia, contempla la escena. En este sentido, no es casual que los primeros sorprendidos por haber sido elegidos para sentarse a la derecha de Dios sean, precisamente, aquellos de dieron de comer al hambriento y de beber al sediento. Otra cosa es que, en medio de una cultura cristiana, el que responde a la llamada se apropie de las palabras del testigo. Pero, en cualquier caso, si cabe responder al clamor de las víctimas como el clamor mismo de Dios, es porque las víctimas ocupan el lugar de Dios. Y esto solo puede significar que, en el momento de la verdad —en el momento de responder— Dios no aparece como Dios, sino como Jesús (o como Juan, Cristina, Andrés…). O dicho con otras palabras, Dios solo puede encarnarse en la crisis de Dios, pues, de lo contrario, la encarnación no sería otra cosa que una ejemplificación o, lo que es peor, un simulacro.

Los comentarios están cerrados.

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo la zona gris en la modificación.

Meta