lección de antropología filosófica
septiembre 21, 2013 § Deja un comentario
Lo originario del hombre, las marcas de nacimiento, no define lo humano del hombre. De hecho, el hombre nace como tal donde niega lo originario de sí mismo. Por eso lo originario del hombre, sus impulsos más instintivos, no constituye propiamente su origen. El hombre no viene del mono, sino del mandato que le instala en la vergüenza. En todo caso, lo que viene del mono es el proto-hombre, eso que el hombre debe negar para constituirse como tal. El hombre debe negarse a sí mismo —debe avergonzarse de su originalidad— para que pueda admitirse como humano. En este sentido, la discontinuidad que hay entre un recién nacido y un adulto es semejante a la que pueda haber entre el homo sapiens y el mono. No casualmente los antiguos ritos de iniciación no eran, contra lo que se supone por lo común, ritos que señalaban el paso a la madurez, sino a la humanidad misma del hombre.