para postres dulce de leche
septiembre 23, 2013 § Deja un comentario
Quizá convendría preguntarse de qué hablamos cuando hablamos de Dios como amor. Pues es posible que la palabra, después de décadas de romanticismo, no signifique lo mismo ahora que en la época del apóstol Juan. Al menos en lo que respecta a sus connotaciones. Y es que el amor, tal y como se entiende fácilmente hoy en día, esto es, como si no fuera mucho más que un chute emocional, podría perfectamente ser la puerta falsa por la que se colaría, una vez más, un dios hecho a nuestra medida, en este caso, a la medida de nuestra necesidad afectiva. Es así que Dios, desde la óptica de esta necesidad, acaba siendo tarde o temprano un abuelo espectral. Sin embargo, probablemente el amor, en el sentido original, no estaba exento de sacrificio. En este sentido, que Dios sea amor de entrada significaría que Dios dio su vida por los hombres. Y esto es algo que, cuanto menos, afecta al significado mismo de la palabra «Dios». Nada que ver, por tanto, con esa especie de dildo espiritual en que para muchos se ha convertido Dios.