arenales
octubre 4, 2013 § Deja un comentario
La ausencia de Dios es la huella de lo divino. De ahí que sea preciso, en nombre de Dios, apurar el caliz de dicha ausencia. Pues de Dios no tendremos nada más que el cuerpo que sea capaz de soportarla y, por eso mismo, ocupe el lugar de Dios.