full kombat

octubre 12, 2013 § Deja un comentario

Es obvio que vivimos de espaldas a la verdad. Y la verdad es el mundo desde la perspectiva del final del mundo —de la muerte, la catástrofe, el mal—. La verdad: todo termina. De ahí que todo sea don. Desde los hijos hasta un día de lluvia. Desde el cuerpo que acaricias hasta aquel que permanece lejos de ti. Sin embargo, existimos demasiado pegados a nuestra nariz como si nada fuera a terminar. Como si no hubiera muerte ni desgracia. Como si tuviéramos derecho de pernada sobre lo que nos ha sido dado. Pero lo cierto es innegable: nada es para siempre. Por eso el combate interior pertenece al intento humano de permanecer en lo verdadero. Y es que hay algo en nosotros que se resiste fieramente a la verdad y prefiere seguir la estela de lo impersonal. De lo que se dice, se hace, se espera. Como si no fuera exacto que habrá un final de trayecto, incluso para la humanidad. Como si, al fin y al cabo, nuestras reacciones a los estímulos de la circunstancia, desde el despecho hasta la euforia, fueran el no va más.

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