en casa del Padre
octubre 19, 2013 § Deja un comentario
Sin duda nuestras dificultades con el lenguaje de la fe y, en particular con el relato de la resurrección, tienen que ver con el hecho de que ya no pertenecemos al mundo en el que dicho lenguaje fue acuñado. De hecho, pertenecemos al mundo que ese mismo lenguaje hizo posible. Y es por eso que ya no podemos ver lo que ellos vieron. Ahora bien, puede que quienes dijeron en su momento aquello de que Jesús de Nazareth, tras su muerte, estaba sentado a la derecha del Padre lo dijeran tan llanamente como hoy en día en un funeral el sacerdote de turno dice del finado que, al fin, descansa junto a Dios. Nadie se pregunta si en realidad esto es así. Simplemente se da por hecho. Y cuando nos preguntamos si esto es en realidad así es porque ya no podemos darlo por hecho. Otra cosa es que además los primeros creyentes dijeran que, por estar sentado a la derecha de Padre, Jesús nos juzga en nombre de Dios. Pero eso es, precisamente, lo que más nos cuesta hoy en día dar por cierto (y de ahí nuestras dificultades con el lenguaje de la resurrección). Pues donde tiramos por el desagüe el agua el temor de Dios, en parte debido al triunfo mismo del cristianismo liberal, tiramos también al niño del resucitado. Pero, como bien dijo Pablo, sin resurrección, la cual, ciertamente, no es una historia de zombies buenos, no hay fe que valga.