un Dios extraño
octubre 25, 2013 § Deja un comentario
Dios es, en verdad, un Dios extraño. El «Dios extraño» no es un dios sorprendente, sino un Dios que extrañamos, que echamos en falta. El «Dios extraño» no funciona como dios. En verdad, Dios no es lo que parece, lo que damos por sentado como dios. «Dios», la palabra, no remite a ningún dios. En este sentido decimos que la palabra «Dios» carece de referente. No podemos señalar y decir ahí está Dios, ni siquiera cuando este ahí es un cúmulo de cosquillas interiores. Ahora bien, por eso mismo podemos decir que de Dios como tal solo tenemos la Palabra. La palabra «Dios», en tanto que vacía de Dios, exige a Dios. Por eso Dios es lo aún pendiente de una genuina experiencia de Dios. Nuestra relación con Dios no se decide, pues, con respecto a un poder que vemos como divino, pues eso que vemos como divino podemos dejar de verlo solo con que cambie el mundo, sino en relación con lo debido a ese echar en falta a Dios. Y lo debido a un Dios en falta es, entre otras cosas, la Ley, el Mandato, la obligación para con el huérfano, la viuda, el extranjero, con aquel que precisamente sufre —encarna— esa falta.