sin concepto

octubre 26, 2013 § Deja un comentario

Como dicen los que entienden, el Dios bíblico carece de concepto. Bíblicamente, no hay concepto —no hay significado— para la palabra «Dios». Sabemos que es pero no qué es. Presencia sin contenido, Dios brilla por su ausencia, como decía la Weil. De Dios, como tal, tan solo tenemos un nombre, por otra parte, impronunciable: YWHW. Y si ni siquiera podemos pronunciar debidamente el nombre de Dios, entonces nada podemos hacer con Dios. Dios es intratable. Dios es el que es. Ni siquiera el ente que es, pues no hay ente que sea enteramente lo que parece. Los entes no acaban de ser: solo son en la medida en que deben ser, solo en tanto que tienen pendiente, precisamente, ser. Dios, por consiguiente, no puede integrarse en un mundo. Aquello que forma parte de un mundo es siempre de un determinado modo. Aquello que forma parte de un mundo remite a las cosas del mundo —un martillo remite al clavo, el árbol al fruto…—. Y, por eso mismo, todo cuando pertenece al mundo admite una descripción definida, un concepto, un significado. Pero «Dios», como decíamos, no significa. Dios es precisamente lo que falta en «Dios». La palabra «Dios» carece de referente. Si Dios fuera el ente llamado «Dios», entonces algo podríamos decir de él: tendría atributos. Pero Dios es invisible. No el ente invisible, sino el que en modo alguno admite una visión. Dios no se da según los modos del presente.

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