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noviembre 17, 2013 § Deja un comentario
A veces olvidamos que originariamente, la resurrección no constituía un fin en sí misma, un acontecimiento salvífico de por sí, sino algo que debía ocurrir para que fuera posible el juicio. Pues una cosa es creer en la inmortalidad del alma y otra creer que los muertos resucitarán para ser juzgados por Dios. En lo primero aún podríamos creer. Al fin y al cabo cabe la posibilidad de que seamos almas encerradas en cuerpos. Para creer en lo segundo, sin embargo, hace falta mucha fe.