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diciembre 14, 2013 § Deja un comentario
Cuando estamos metidos en el ajo, no podemos evitar suponer que las cosas son, al menos en gran medida, tal y como las vemos. Sin embargo, cuando nos paramos a pensar —cuando nos distanciamos de los supuestos de la inmediatez—, tarde o temprano llegamos a la conclusión de que la realidad no coincide con su apariencia, esto es, que no tenemos ni idea de lo que pueda ser lo real en sí mismo, eso otro que tenemos ahí enfrente. Incluso podemos sospechar que se trate de algo en concreto. De ahí que sea tan difícil vivir conforme a lo que es en verdad. En este sentido, es posible que el realista no sea aquel que dice al pan, pan y al vino, vino, sino el místico, el que, de algún modo, vive a flor de piel el carácter ilusorio de lo que nos traemos entre manos.