el declive

diciembre 16, 2013 § Deja un comentario

Releyendo a George Steiner uno se da cuenta de lo lejos que estamos de la amplitud de miras de las antiguas humanidades. Nos hemos quedado sin el espíritu de las grandes palabras. Como si ya no tuviéramos fuerzas para pronunciarlas, peor aún, como si nos avergonzaran. Así, Steiner dice, por ejemplo, lo siguiente: «el hombre proyecta una sombra. En una forma poco clara, el hombre de genio arroja luz. Instintivamente, nos segamos con su luz. Ese genio pagará un precio terrible. A menudo, la historia demuestra que el creador, el artista supremo, el maestro de la política lleva las cicatrices de su grandeza.» ¿Quién se atrevería, hoy en día, a escribir esto? Las voces que más suenan son las de quienes sostienen que no n'hi ha per tant. Nuestra época es la del triunfo de lo impersonal, de lo que se dice, se hace, se piensa. El triunfo de la cháchara. Y luego nos extrañamos que no hayan vocaciones, no digo ya religiosas, sino vocaciones a secas, esto es, vidas lanzadas por un interrogante inagotable, por una obsesión. En su lugar, tenemos sentimientos de quita y pon, profesionales, mejor dicho, oficinistas, hombres y mujeres que difícilmente irán más allá de las exigencias de la adaptación.

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