modernidades
diciembre 22, 2013 § Deja un comentario
El hecho de saber cómo se forman nuestras representaciones del mundo en la mente —la sospecha de que no hay diferencia entre la realidad y la imagen de la realidad que se configura en nuestro cerebro— basta para que dichas representaciones se vuelvan de repente increíbles. Esto es, grosso modo, modernidad. Aunque también podríamos hablar del antiguo escepticismo con unas dosis de neurociencia. De ahí que el reto de la apología cristiana sea, precisamente, el de recuperar la legitimidad del discurso acerca del enteramente-otro. En el fondo, se trata de la cuestión que le quitaba el sueño a Descartes: la de si es posible salir de la propia mente desde los recursos argumentativos de la mente. Algo parecido, sin embargo, a los intentos del baron de Münchhausen de salir de las aguas pantanosas tirando de los propios cabellos.