la banalidad
enero 2, 2014 § Deja un comentario
Al echar al demonio por el desagüe de la crítica moderna de la superstición, nos hemos quedado con un mal ciertamente banal. Detrás del horror ya no hay monstruos, sino unos cualquiera. Los ejecutores del mal —los Eichmann de turno— serían, así, hombres y mujeres que se limitan a reaccionar a la presión de las circunstancias. Sin embargo, donde hablamos de la banalidad del mal, también deberíamos hablar de la banalidad del bien. Tanto buenos como malos son, en definitiva, títeres, bolas de billar. Estamos ante una de los daños colaterales de la concepción moderna de la libertad. Pues donde la libertad se concibe como una dato, difícilmente podremos evitar la constatación de que todo lo que hacemos obedece a las circunstancias. Pero la libertad en realidad no es un dato, sino un tener que responder a la demanda infinita (en el sentido judicial) del otro. De ahí que no haya otra libertad que la de Caín. Pues debería ser obvio que antes del juicio que convierte al mono en culpable, no somos más que monos.