el juego de las siete diferencias

febrero 6, 2014 § Deja un comentario

Lo hemos dicho unas cuantas veces: la cuestión no es si hay o no hay Dios, sino si, de haberlo, aún podríamos admitirlo como tal. Así, sobre el papel, no habría diferencia entre el dios creador que muchos creyentes tienen en mente y un extraterrestre, se supone que bonachón, que hubiera decidido programar un mundo a la manera de un juego virtual. La diferencia reside en cómo nos posicionamos ante él. El típico creyente se sitúa como un niño ante su padre, esto es, como criatura, mientras que la posición básica del no creyente es la de aquel que se sitúa ante ese dios como ante un dato más, aunque sea un dato a tener muy en cuenta. Esta última sería propiamente la posición de quienes han alcanzado, como suele decirse, la mayoría de edad. Con todo, no parece que la relacion creyente con Dios sea un asunto tan psicológico, si es que hemos de atender al rumor de fondo de los textos bíblicos. Dios, bíblicamente hablando, nunca fue un dato, sino más bien una falta de datos, mejor dicho, un hueco: ahí donde esperábamos encontrar a Dios, en realidad, no hay nada. Sin embargo, el hueco sigue ahí.

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