hybris
febrero 13, 2014 § Deja un comentario
El héroe de las tragedias griegas acaso representa el primer paso hacia la mayoría de edad, como solían decir los ilustrados. Pues, a diferencia de quienes permanecen en la posición de la criatura, el héroe trágico se atreve a desafiar al dios. Naturalmente, tiene las de perder. Pero su derrota, en lugar de demostrar la autoridad del dios, la suprime. Un dios, a pesar de que aún nos pueda, ha dejado de ser un padre para un hijo desafiante. Por la intercesión de un hijo rebelde, dios deja de valer como dios. De ahí que, gracias al héroe trágico, la posición de la criatura —la posición de quien se humilla ante aquel que puede aplastarle con solo pensarlo— se muestre como la posición de un acomplejado, al menos para quien sepa qué significa la palabra «dios». Y de ahí también que un dios solo pueda recuperar su paternidad poniéndose en manos de ese hijo ya mayor de edad. Como ocurre con la vida misma. Pues ya sabemos que los hijos se revelan como tales —o mejor dicho, asumen su filiación—, no cuando son unas criaturas, sino cuando se hacen cargo de sus padres, ya ancianos.