la farsa

febrero 14, 2014 § Deja un comentario

Supongamos que Jesús hubiera sido un farsante. Que de hecho no hubiera tenido fe en Dios. Que no hubiese creído en la inminente irrupción del Reino. Que hubiera sido colgado de una cruz por un error de cálculo. ¿Podría el creyente seguir en pie? De ningún modo, pues lo que un cristiano puede decir de Dios solo lo puede decir de aquel que fue crucificado en su nombre. En cambio, si Dios fuera una especie de océano, daría igual que sus creyentes hubieran dado un paso atrás. De hecho, un océano no necesita de creyentes para ser lo que es. Su presencia no exige la fe —la confianza— del hombre. Para conocer sus profundidades basta con un Costeau que se ponga manos a la obra.

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