buona notizia

febrero 15, 2014 § Deja un comentario

¿Es el evangelio aún una buena noticia para los pobres? Mejor dicho: ¿por qué llegó a serlo? ¿Acaso porque propusiera una nueva dieta espiritual, una especie de estoicismo para pobres? No lo parece. Jesús de Nazareth no fue crucificado porque dijera que seríamos más felices entregándonos a los demás o viviendo austeramente. Fue colgado de una cruz por revolucionar a los lumpen de Galilea en nombre de Dios. Para él, el fin de los tiempos era inminente y los pobres de solemnidad serían los primeros en entrar por la puerta grande. En este sentido, las bienaventuranzas son algo parecido a una arenga de Lenin anunciando la toma del palacio de invierno. De ahí que un cristianismo desprovisto de horizonte apocalíptico sea un cristianismo desactivado. La resurrección deja de ser un pistoletazo de salida —la señal de que el fin de los tiempos había comenzado— para ser algo así como una prueba de la inmortalidad del alma y la fe, en vez de una esperanza colectiva, un asunto interno. Tampoco es casual que muchos crean hoy en día que el Dios cristiano es el Brahman del hinduismo (o viceversa), aunque visto desde otra óptica. Hace años que por estos lares el cristianismo curtido de los orígenes se ha convertido en una variante, socialmente sensible, del happy yoga. Aunque, por suerte, todavía quedan santos por inventariar.

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