desire
febrero 22, 2014 § Deja un comentario
Es habitual creer que uno es libre donde puede realizar su deseo. O, por decirlo de otro modo, que la libertad es un sentirse libre. Sin embargo, supongamos que cada uno de nosotros tuviera encima una especie de daimon que se dedicara a implantar en nuestros cerebros impulsos irresistibles. La sensación de libertad, en el caso de que cediéramos, sería la misma. Ahora bien, nadie se atrevería a decir que seamos, en ese caso, libres. De ahí que la libertad se determine en otro territorio que aquel en el que nuestro deseo campa a sus anchas.