María Belón

marzo 8, 2014 § Deja un comentario

La experiencia de María Belón —la madre protagonista de «lo imposible»— es digna de ser contada. María Belón es, sin duda, una gran mujer, una mujer de carácter. Su enseñanza es universal: uno debe perseverar, no tanto para sobrevivir, pues en medio de la catástrofe lo que uno desea es, precisamente, morir, sino para que puedan vivir los otros: tus hijos, tu esposo, tus compañeros de tragedia… Estamos aquí para querernos, dice Maria Belón sin ambigüedades sentimentales. Uno no sabe qué es lo que en verdad importa hasta que no ve de cerca el rostro de la muerte. Nacemos dos veces. Mejor dicho, si no nacemos por segunda vez, posiblemente no vivamos en verdad. Y María Belón nació por segunda vez. María Belón, también dice que, de algún modo, se siente culpable por los que se quedaron allí, por los que no sobrevivieron al tsunami. En las canchas cristianas —y no solo en las cristianas— el discurso de María Belón cae muy bien, aunque cuando le preguntan por Dios, no sabe a ciencia cierta qué decir. De hecho, suele responder tal y como lo hacen muchos hoy en día: que no cree en Dios, pero sí en que hay algo ahí que nos empuja a querernos. Que eso lo es todo. En principio, nada que objetar a las palabras de María Belón, pues son humanamente incuestionables. En cambio, sí que me parece discutible que muchos cristianos bautizen sin pestañear esas palabras. Pues la cuestión es si esas palabras son cristianamente relevantes, esto es, si revelan de algún modo la realidad de Dios. Me atrevería a decir que, a pesar de las dimensiones de la tragedia, no son, cristianamente hablando, palabras últimas. Una de las constantes bíblicas es que solo el pobre es capaz de Dios, es decir, que solo él está autorizado a hablar de Dios. De otro modo, la cuestión no es qué pueden decir de Dios los supervivientes, pues ese decir no puede desprenderse de la amenaza del mito, incluyendo aquí a los israelitas que pasaron milagrosamente el Mar Rojo, sino qué pueden decirnos quienes se quedaron ahí, los que fueron dejados, precisamente, de la mano de Dios. Es natural que María Belón no sepa qué decir acerca de Dios, que no vea a Dios por ningún lado. Y es que Dios quedó atrás, deambulando por los lodos de esas playas devastadas por el tsunami. Las historias cristianas son aquellas en donde las María Belón de turno inhumanamente regresaron a las playas de las que salieron con vida porque se convirtieron en rehenes de quienes se quedaron atrás. Sin duda, se trata de algo que no podemos humanamente exigirnos. Humanamente, las palabras de María Belón son lo más. Pero que los hombres y las mujeres no podamos asimilar la voz imperativa de Dios desde nuestra posición de supervivientes no demuestra que no haya Dios o, mejor dicho, que Dios no tenga nada que reclamarnos. De hecho, Dios existe en caída libre desde el momento en que Caín alzó su mano contra Abel.

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