directo al corazón
marzo 13, 2014 § Deja un comentario
La religión del corazón se equivoca cuando desprecia con tanta facilidad —por meramente formal, por hipócrita— el rito de la tradición. Pues sin rito —sin gestos que marquen el tiempo profano con las huellas de la redención— no es posible ninguna integridad. Sencillamente, sin rito el cuerpo no puede seguir el vuelo del alma. Así, un cristianismo fuertemente sentimentalizado, contra sus mejores intenciones, acaba siendo un cristianismo de paja mental (o sin «mental»). El rito, pues, no es el problema, sino nosotros, que ya no sabemos qué hacer con él. Una vez perdemos de vista la historia a la que responde, el rito es, ciertamente, letra muerta. Ahora bien, que no sepamos leer latín, no significa que Horacio ya no tenga nada qué decirnos. Supongamos que de aquí a cien años, los hijos de los hijos de los que sobrevivieron al infierno de Auschwitz creyeran que lo «auténtico» es «reunirse los martes por la noche y ponerse a lloriquear» y, por eso mismo, dejaran de tatuar el brazo de sus vástagos con el número de campo de sus abuelos. Difícilmente diríamos que forman parte de la tradición que iniciaron los supervivientes.
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