fe y tolerancia
marzo 13, 2014 § Deja un comentario
La tolerancia va con el debilitamiento de la creencia. De hecho la exige. No es posible tener convicciones fuertes y ser tolerante, a menos que los demás te importen bien poco. Sin duda, es preferible que haya tolerancia a que nos matemos por nuestras crencias. Pero si lo que debe ser, debe ser, entonces no es posible aceptar fácilmente que no sea. Por ejemplo, si creemos que hay infierno y que la salvación depende de que uno sea bautizado, por muy absurda que parezca nuestra creencia, si lo creemos así, entonces difícilmente podremos tolerar que nuestros hijos no sean bautizados. Y no solo ellos, sino el resto de los hombres… si es que nos importan. De ahí, por ejemplo, dejando a un lado intereses espurios, el celo de esos misioneros que iban por las américas con la cruz y la espada. Ciertamente, la tolerancia tiene una raíz bíblica, por aquello de que lo que le importa a Dios es que los hombres vivan en paz. Pero al reconocerlo, deberíamos igualmente admitir que la creencia, en tanto que tesis, es bíblicamente lo de menos… y no parece, sin embargo, que lo sea. Pues, mientras el cristianismo siga siendo una soteriología, la necesidad de salvación dificílmente puede hacer buenas migas con la indiferencia que garantiza la paz de la sociedad democrática. La paradoja del cristianismo reside en el hecho de que el Reino de Dios —o, cuanto menos, el sucedáneo de una paz civil— quizá solo pueda realizarse como el sueño de la sociedad liberal, esto es, sin Dios mediante.
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