el hiato

marzo 24, 2014 § Deja un comentario

La vida de mis hijas me ha sido dada desde la nada, como quien dice. Sé que pocas cosas importan. Y, sin embargo, existo como si eso no fuera conmigo. Las exigencias del trato me apartan de lo que en verdad acontece. Hay que ir a trabajar, preocuparse de las penúltimas (o antepenúltimas) cosas, hacer la compra, arreglar un grifo, domar a tus hijas (casi como se doma a un perro…). Como si todo estuviera en verdad más allá de lo que puedo alcanzar. Como si lo que me traigo entre manos no fuera más que una maniobra de distracción. Al fin y al cabo, la cuestión religiosa, a saber, la cuestión acerca de cómo insertar la revelación poética —la verdad del asombro— en los tiempos profanos del trato, acaso sea la cuestión. El homo religiosus cree que es posible marcar las cosas profanas con el estigma de lo sagrado. Sin embargo, vivimos unos tiempos en donde no parece que eso sea posible. No parece que hoy podamos, salvo quizá sectariamente, cubrir la distancia que separa una cosa de otra, lo real de su simulación. Será verdad que la cacareada muerte de Dios trae consigo nuestra condena a la irrelevancia.

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