creer que se cree (2)

marzo 29, 2014 § Deja un comentario

Es sabido que Jesús de Nazareth estaba convencido del inminente final de los tiempos y que esta convicción era, ya en su tiempo, minoritaria. A ojos de la mayoría, Jesús, como tantos otros, era un delirante, aunque quizá esta convicción vaya de la mano de un no poder soportar el sufrimiento de los hombres. Pues, cómo no tener la honda impresión de que estamos cerca del final donde habitamos una tierra devastada por el hambre. Ahora bien, lo cierto es que la mayoría, hoy como antes, podemos perfectamente soportar el hambre y la sed de nuestro prójimo. Incluso donde nos decimos cristianos. De ahí que, honestamente, seamos aquellos que, si tuviéramos delante a Jesús de Nazareth, seríamos los primeros en decirle que no n'hi ha per tant. No cal, Jesús, no cal. O, al menos, eso es lo que nos decimos a nosotros mismos. De ahí que siga siendo cierto aquello tan judío de que la insoportable presencia de Dios depende de la fidelidad —extrema, demente— de unos pocos justos.

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