jude
abril 19, 2014 § Deja un comentario
Los judíos sustituyeron el antiguo temor al fenómeno sobrenatural —a los rayos, las erupciones volcánicas, los tsunamis…— por el temor ético. El miedo a Dios fue durante mucho tiempo el miedo a no saber qué responder a la pregunta por Abel. Los cristianos, a la chita callando, han acabado echando por la borda el temor. Dios como amigo invisible, ese ha sido su gran hallazgo, mejor dicho, su gran hachazo. La libertad del reo ha sido su conquista: ya nadie cree que será juzgado por Dios. Así, la compasión ha quedado reducida al mejor sentimiento del hombre. El pobre ya no es quien decide el sí o el no de nuestra existencia, sino, en el mejor de los casos, el objeto de una buena inclinación. Pero de ahí al ateísmo, aunque sea solidario, hay solo un paso. Quién nos iba a decir que, gracias a Dios —a su sacrificio—, podríamos prescindir de Dios.