sin pestañear

abril 20, 2014 § Deja un comentario

Si viéramos las cosas con los ojos del asombro, no podríamos soportarlo. La adaptación exige, pues, el trato, la familiaridad, la prosa, en definitiva, la pérdida del sentido de la alteridad. De ahí que la religión, en tanto que nostalgia de lo real, sea constitutiva de lo humano. Como si al fin y al cabo el hombre no quisiera —aunque también temiera— otra cosa que ser testigo de una aparición.

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