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mayo 12, 2014 § Deja un comentario
De hecho hay hombres y mujeres que no se sientan inclinados a la compasión ante aquellos que sufren. ¿Deduciremos que el deber de la compasión solo obliga a quienes, por su particular modo de ser, se sienten inclinados a compadecerse del que sufre? ¿Deduciremos que dicho deber es necesariamente relativo? En principio, no diría que podamos deducir otra cosa, pues no parece que puedan haber razones que nos obliguen al respecto, al margen de cuáles puedan ser nuestras inclinaciones. Sin embargo, la cuestión quizá no sea si hay razones que obliguen a cualquiera a admitir el deber moral de la compasión, sea cual sea su inclinación más espontánea, sino si el yo que experimenta la obligación de la compasión es el mismo que aquel que pasa de largo. Pues probablemente uno sea en gran medida la voz, el imperativo al que se encuentra sujeto.