aún no oyes el chasquido de la piedra
mayo 13, 2014 § Deja un comentario
Que estamos sometidos a un exceso es algo que deberíamos dar por descontado. Puedes admitirlo o no. Pero el dato está ahí. Si crees que no hay más que lo que puedas comprender eres sencillamente un idiota, en el sentido literal de la expresión. Formamos parte de un resto que no podemos integrar. O, por decirlo con otras palabras, lo que nos constituye no puede ser interiorizado como propio. De hecho, la subjetividad nace de un rechazo elemental, traumático. Los antiguos llamaban Dios a ese exceso. Pero, dado que ya no sabemos qué hacer con la palabra «Dios», hoy en día tenemos, en su lugar, el poder del inconsciente. Incluso, como la divinidad de antaño, tiene sus figuras y su lenguaje. Tampoco hemos de concluir que los antiguos cuando se referían a Dios en realidad hablaban del inconsciente, pues no había inconsciente para los antiguos. No podía haberlo. Estrictamente, el inconsciente ocupa el lugar de Dios. En cualquier caso, lo cierto es que, por eso mismo, la creencia naïve en Dios, aquella que hace de Dios un amiguete espectral, sea actualmente un modo de evitar el contacto, por defecto doloroso, con el verdadero Dios.